Después de muchos años sin escribir, siento la necesidad de volver a hacerlo. Con mucho cariño presento esta nueva sección en la que iré plasmando mis pensamientos en forma de tinta, o más bien, volcándolos en alguna nube.

Danza, inquietudes, pensamientos y reflexiones se dan cita en esta sección.

Bienvenidos

La danza de la que me enamoré

Actualizado: abr 12


Quería inaugurar esta sección con un tema que me diera para abordar la danza oriental de manera general, pero desde un punto de vista personal, (ya habrá tiempo de entrar en temas más concretos y específicos). Tenía la necesidad de expresar mi punto de partida y mi visión actual.


“¿Qué te atrajo de la danza oriental? ¿por qué escogiste esta danza?” …Estas son algunas de las preguntas a las que he tenido que contestar a lo largo de los años, a veces con gusto y otras no tanto, pero mi respuesta siempre fue/es la misma…la danza oriental me eligió a mí.


Aunque siempre he tenido una vena creativa, en parte heredada de mi madre, nunca me planteé dedicarme a algo artístico. Estudié una carrera de “números”, soy metódica, analítica y práctica y me encanta tener todo cuadrado en un Excel. Esta faceta compensa mi locura, mis brotes irracionales, mi orden caótico y mi necesidad expresiva nacida desde lo más profundo de mí. Por tanto, creo que hay una especie de “equilibrio”, aunque a veces la compensación se decante por un lado u otro. Aún así, siempre encontré la manera de volcar y plasmar mi mundo interior, ya fuera a través de manualidades, pintura, dibujo y/o escritura.

La danza ...no era prioridad. A los 4 años me apuntaron a clases de ballet, por aquello de “tienes que hacer algo después de clases”, “el ballet es muy bueno para adquirir disciplina y educar el cuerpo”, “bla, bla, bla” … lo odiaba… (aunque he de reconocer que años más tarde me ayudó y mucho) … Tras 7 largos años lo abandoné, de lo cual, siempre me arrepentiré.

No volví a tener contacto con la danza hasta mi primer año de Universidad pues dentro de las actividades extraacadémicas que se ofertaban en el Campus Universitario estaba la publicidad de “Danza del Vientre”.

Me apunté, quedé totalmente fascinada, me enamoré.

El resto de la historia ya la sabéis o la podéis imaginar, pero no viene al caso, (el que sienta algo de interés puede leer mi curriculum), tan sólo decir que tras 14 años aquí seguimos las dos juntas, pero algo ha cambiado…yo no soy la misma, ni ella tampoco.


Cuando comencé con esta danza, una de las principales cosas que me atrajo y me fascinó fue que tras cada clase me sentía conectada conmigo misma, todo ese halo de misterio y misticismo que había en torno a la Danza Oriental estaba por descubrir, todo era nuevo e increíble. Encontrar un video de danza oriental era comparable a encontrar un cofre lleno de monedas de oro y si por desgracia se rallaba alguno de los únicos 3 cd de música que tenía era un verdadero drama. Todo era un regalo.

Los maestros eran respetados y valorados y sus enseñanzas guardadas como oro en paño. Por aquel entonces apenas había concursos/competiciones de danza, y las valientes que decidían presentarse tenían el respeto y admiración de las demás sólo por animarse a exponer su danza ante un jurado.

Encontrar libros que hablasen sobre la danza o te pudiesen acercar algo más a esta cultura milenaria era una odisea y ejemplares como “El reinado de las bailarinas” de Shokry Mohamed o “La danza mágica del vientre” se convertían en la mismísima Biblia.

Por no hablar de DVD… ¿Qué bailarina de mi “generación” no se ha aprendido de memoria todas las coreografías de las Bellydance Superstars?...

La danza vivía un momento mágico, creo que en parte gracias a la inaccesibilidad.


Después llegó YouTube.


Una vez que internet y en concreto Youtube, irrumpe en nuestras vidas, todo, absolutamente todo, se globalizó, y la danza no iba a ser menos.

Este hecho marcó un punto de inflexión en la danza. De pronto teníamos acceso a videos de bailarinas de otras partes del mundo, ¡era increíble!... ¡la inspiración estaba por todas partes! De pronto podíamos estar viajando a Egipto desde el sofá de casa. Nuestro acceso a información (y des-información), se multiplicó de manera exponencial.


Y en medio de este estado tan maravilloso aparece Facebook, y es entonces cuando festivales y espectáculos empezaron a proliferar. Los organizadores tenían acceso directo a mucha más gente gracias a Facebook, y la información llegaba prácticamente a todos los interesados (maestr@s que anteriormente ocultaban la información a sus alumnos estaban perdidos), la sed de conocimientos, la novedad, la curiosidad y el ego personal hizo que se viviesen unos años de mucho movimiento “dancístico”.


Pero todo es cíclico… y tras años de crecimiento y expansión había que dar paso a una crisis…aprovecho para remarcar que de las crisis surgen los verdaderos movimientos y acciones de cambio.

Pues bien, llegó la crisis, me atrevería a decir que allá por el año 2014-2015, aunque creo que esto es algo subjetivo (en parte).

Desde mi punto de vista, la crisis llegó por sobresaturación. Demasiados videos de demasiadas “Dariyas, Randas, etc”, demasiadas divas, demasiado strass, demasiados pasos, demasiada mafia, demasiada apariencia, demasiado humo, demasiada competencia insana, demasiado todo….


BASTA.

BASTA.

BASTA.


Esa no es la danza de la que yo me enamoré. Yo no quiero una danza que haga sentir mal a quienes la practican porque no cumplen unos estándares concretos, ya sea a nivel físico, técnico, estético, o simplemente expectativas ajenas, no quiero una danza que ignore el arte de quien no sigue la moda, pese a tenerlo, no quiero una danza que me haga valorar la calidad según el número de likes de Instagram (¡ah! ¡Que no hemos hablado de Instagram!) o de Facebook. No quiero una danza vendida al mejor postor. No quiero mafias. No quiero divas.


No quiero rivalidades entre artistas ni compañeros, la danza es para compartir la visión personal del arte, no para decir: “ehhh, que yo lo hago mejor!”. No señores.

Quiero una danza sana, en la que crecer, aprender, evolucionar sin tener que mirar al de al lado para posicionarme yo y saber donde estoy. Quiero una danza en la que se aprecie y se valore el arte por encima de todo. Una danza que respete la autenticidad, que premie la originalidad, el talento, la humildad y el trabajo. Una danza que permita respirar.


Quiero una danza que enseñe valores como el respeto, el compañerismo, la amistad, el amor…

Una danza que sume positivo, que sume momentos, amistades, experiencias, que invite a disfrutar, reir, soñar… porque si algo debe hacer el arte es invitarnos a soñar.

Entre todos creamos la danza. Creamos la danza en cada clase como maestros, creamos la danza en las semillas que inculcamos a nuestros alumnos, creamos danza en nuestras palabras, con nuestros actos, creamos danza cuando danzamos, cuando vemos bailar, cuando aprendemos, creamos danza cuando la danza nos genera cualquier tipo de sentimiento, y creamos danza cuando imaginamos. Es nuestra responsabilidad. El futuro de la danza lo creamos cada uno de nosotros cada día. En nuestras manos está.


Por suerte cuento con un grupo de personas maravillosas a mi lado, junto a las que día a día vamos creando la danza que queremos, la danza que soñamos y, sobre todo, recuperando la danza de la que me enamoré.


Párate, escúchate y mírate… ¿Qué tipo de danza estás creando tú?


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